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October 24, 2023

Beymer Busta

Beymer Busta

Tener un "mejor amigo" no es algo natural: la historia de una construcción social reciente

Friends

Aunque desde el principio de los tiempos ha habido lazos de amistad entre seres humanos, no se comenzó a hablar de una sola persona favorita hasta hace menos de un siglo

Si tienes un mejor amigo o amiga, es posible que defiendas a ultranza la naturaleza de vuestro vínculo. ¿Solo uno? Sucede que aquellas cosas que más definen nuestra personalidad tienden a ser "las mejores" para nosotros: una canción, una persona o una película. Pero, en realidad, si de verdad te gusta el cine, la música o las relaciones humanas, te costará bastante decantarte por una sola de ellas. Se trata de una bella contradicción. Cuanto más valoramos algo concreto, más tendemos hacia lo absoluto. En caso de saber a ciencia cierta y sin pensar mucho quién es tu mejor amigo, te gustará reflexionar sobre la naturaleza de vuestro lazo, ya que como sucede con tantas otras nociones de nuestro mundo afectivo, parte de una construcción social bastante consolidada.

De media, todos tenemos 7 mejores amigos. Así lo cifra un estudio de 2019 realizado por Snapchat que entrevistó a 10.000 personas de entre 13 y 75 años de varios países localizados en distintos continentes. A simple vista, estos parecen más que suficientes, incluso demasiados. Claro que, el significado de la palabra "amistad" varía entre diferentes culturas. Podría resumirse, en su forma más pura e intensa, como una especie de amor fraternal por alguien que no es de nuestra familia; de manera más informal, un amigo es aquel que conocemos desde hace años, en quien confiamos y con quien nos gusta pasar momentos divertidos o bonitos. Pero no nos engañemos: un amigo es, en el fondo, una construcción social que hemos reproducido a partir de lo que nos han enseñado o hemos visto a nuestro alrededor. Es decir, no existe un "mejor amigo o amiga" en esencia, sino que somos nosotros los que ponemos esta categoría para priorizar a cierta persona en nuestra lista de contactos sociales.

"La amistad se consideraba un fenómeno mayoritariamente masculino"

En pleno siglo XXI, hay diversos productos culturales de masas que nos han inculcado el valor de tener un "mejor amigo". Aquellos que crecieron en los 2000, es decir, los últimos millennials y los primeros centennials, fueron instruidos en el valor de una amistad única y verdadera con películas como El Señor de los Anillos o Harry Potter. Es frecuente que, en estas narraciones fantásticas, los grandes conflictos se resuelvan y los malos malignos sean derrotados justo cuando los amigos realizan una demostración de su amistad genuina, luchan juntos o dan la vida los unos por los otros. Este "uno para todos y todos para uno" ya lo inventó Alejandro Dumas en el XIX, y aunque en su grupito eran cuatro con D'Artagnan, seguramente cada uno de esos mosqueteros se referían a cada uno de ellos como "mi mejor amigo".

Una convicción vale por una amistad

En cualquier caso, a los mosqueteros les unía una convicción más fuerte que su amistad. En el mundo cotidiano del siglo XXI estos valores quedan difuminados en las cualidades personales positivas en las que cada uno decidimos perseverar y que hacen que florezca esa amistad. No tenemos amigos per se, sino que nuestra amistad viene vinculada a lo que creemos y a partir de ahí encontramos a personas en el camino que comparten esos mismos valores: un hobby, una ideología, una misma sensibilidad estética o una aspiración vital compartida. En cualquier caso, merece la pena hacer un repaso por la historia para comprender que ese "mejor amigo" no es uno, sino muchos, y que realmente es una categoría afectiva relativamente nueva. Antes no se llamaba así a ese Sam Gamyi o Ron Weasley personal que tenemos todos.

"A medida que los círculos sociales grandes se volvieron más comunes, las personas comenzaron a elevar en importancia una 'mejor' conexión"

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Si nacías hombre y formabas parte de esa gran mayoría poblacional que vivía en la pobreza, tus destinos vitales apuntaban a tres sentidos: la fábrica, la iglesia o el ejército. Y estos lugares eran poco propicios para la amistad; sí para el compañerismo, pero no para desarrollar y afianzar un lazo fuerte con una sola persona a la que llamar "mejor amigo". Aun así, subrepticiamente, es lógico que salieran vínculos muy parecidos a lo que hoy denominamos como "mejor amigo", pero no estaban tan instaurados socialmente como ahora, ya que hemos vivido un proceso cultural surgido en la segunda mitad del siglo XX en el que desde la publicidad hasta el cine han metido en nuestra cabeza la idea de esta categoría afectiva.